Vacaciones en Galicia: dos días intensos de un verano en familia.

Por una vez en la vida creo que he tenido unas señoras vacaciones. Sí señor. Y no es porque haya estado por ahí fuera pasándolo estupendamente durante un mes, sino porque realmente he decidido estar de vacaciones y hacer lo que me ha dado la real gana.

¡Ya era hora! ¿No? 😉

Reconozco que he sacrificado algunas cosas, pero he ganado en todos los sentidos.

  • He dormido todo lo que podido y más, porque aunque mis hijos sean ya mayores y sus noches no den problemas, mi jornada diaria es un tanto raruna y estaba especialmente deteriorada a nivel físico y mental de madrugones y noches de hospital.
  • He recuperado mis autocuidados, que los tenía totalmente perdidos. Casi 18 años sin cuidarme de verdad, oiga. No soy el mejor ejemplo para las madres en este sentido, pero por algo se empieza. Reconociéndolo.
  • He pasado más tiempo con mis hijos, por lo menos lo que se han dejado, claro. Con la edad que tienen ya no quieren hacer cosas conmigo como antes.

¡¡¡¡Y también he salido de viaje!!!!

Y de esto te quiero hablar hoy, de mi viaje de vacaciones.

El viaje

Quiero contarte lo que he descubierto este año. Un precioso lugar de nuestra geografía española al que, debo decir, que no habría ido nunca si no hubiera sido porque alguien me lleva.

Y así ha sido. 😆

No sé cómo puedo agradecer a Lucía que me haya guiado hacia su preciosa tierra, Galicia, a pasar un fin de semana. Estaré eternamente agradecida por generosidad.

Por circunstancias de la vida tengo el inmenso placer de conocer mujeres maravillosas de toda España y otros lugares más lejanos al realizar mi acompañamiento a familias de gemelos.

Es una pena que muchas de estas mujeres sólo las conozca de forma virtual, porque me gustaría cada cierto tiempo poder conocerlas en persona y abrazarlas un ratito. Hablar con ellas de verdad como me ha pasado con Lucía.

Por supuesto, Lucía es madre de mellizos.

Tiene una parejita encantadora, que ha empezado relativamente hace poco a caminar y hace las delicias de toda la familia.

Un día, hace ya un par de meses, me dijo que vivía nada más y nada menos que en un hotel y que tenía una propuesta que hacerme, si yo gustaba.

Yo soy toda oídos. Me encantan las propuestas.

Como ella es una de las madres usuarias de mi Comunidad Privada en Gemelos Al Cuadrado y le encanta quería mantenerse en ella a toda costa y me sugirió hacer un intercambio provechoso de servicios. No suelo hacerlos, de entrada, ya te lo digo. Pero escuché.

Aunque no es hostelera, ya que se dedica a temas de medio ambiente y ahora en exclusiva por excedencia al cuidado de sus mellizos – por cierto, preciosos – toda su familia se dedica a gestionar un pequeño hotel en la costa de Vilanova de Arousa.

A cambio de poder seguir disfrutando de la Comunidad me proponía ir a visitarla y pasar un par de días en el hotel.

No lo pensé mucho tiempo.

Andaba buscando precisamente un lugar para ir con la familia aunque fuera una fin de semana y me vino estupendo que me ofreciera alojamiento y desayuno. Sólo tendría que invertir en la comida y el viaje.

No puedo estar más agradecida, no por el intercambio, sino por el hecho de que Lucía haya sido capaz de haberme movilizado para irme tan lejos desde Madrid, ¡para un par de días!

Por mis circunstancias personales no podían ser más de dos días, porque podría haberme quedado más tiempo si hubiera sido posible. A pesar de todo, han sido los dos mejores días de este año hasta ahora, sin duda.

La idea a mis hijos les entusiasmó.

Al principio no les hacía gracia lo del viaje tan largo. Recuerdo el último a Cádiz para la boda de mi hermano en la que los mayores estuvieron bien cabreados en el regreso, que fue cuando hicimos el trayecto largo. La ida no fue tan dura porque la hicimos en dos días, pasamos por Valencia de Alcántara a ver a mis cuñados y luego bajamos a Cádiz. Pero a la vuelta no se lo esperaban así.

Pensé que por esto a los mayores les caería cual agua fría, porque además han salido así como monjes ermitaños. Debe ser la edad. Estos hijos míos son una sub especie de adolescentes que no les gusta salir mucho de fiesta ni con amigos, porque lo tienen todo en su mundo virtual.

A veces pienso que van a evolucionar en algo raro, porque mientras veo a otros chicos por ahí en la calle disfrutando de otros placeres, ellos se pasan las horas en casa a sus cosas con sus amigos on line. Supongo que esta etapa pasará.

Accedieron sin muchas quejas. Incluso, debo decir, que me sorprendieron en el viaje.

De entrada Jorge y Jesús ya sabían perfectamente cómo llegar al Hotel Leal La Sirena y se habían metido a mirar en Google Maps. Son muy cotillos.

Les encantaba eso de salir del hotel y tener la playa a pie de calle. En las últimas horas antes de salir ya me tenían la cabeza loca con los preparativos.

Roberto y Francisco me sorprendieron también. Muy amables dentro de su edad complicada, muy sociales durante el viaje, sin apenas aspamientos ni discusiones.

Roberto especialmente hizo las delicias durante el camino con su especial humor. Los hermanos pequeños lo pasan chachi cuando está con este talante, y le siguieron la corriente. Me encanta verlos así. Y aprovechamos para tirar del hilo viendo por el camino un montón de cosas interesantes.

Viajar con gemelos
#viajandocongemelos

Francisco lo pasó dormido cual marmota, sobre un rollo de papel de cocina, que no sé cómo no acabó con una tortículis. Sólo despertaba cuando parábamos a descansar.

El trayecto no se hizo tan largo como esperábamos. A pesar de las casi 9 veces que paramos porque no hubo manera de coordinar las vegijas, salimos a las 6 de la madrugada y llegamos a las 14 de la tarde.

Todo mereció la pena.

Decir que me he quedado pasmada y ojiplática con el emplazamiento del Hotel de la familia de Lucía. Frente a la Playa As Sinas del Concello de Vilanova de Arousa. Lucía me mandó previamente esta foto preciosa con la que hemos estado soñando estas semanas.

Vistas de la playa de AS Sinás al anochecer
Vistas de la playa de AS Sinás al anochecer

Vilanova de Arousa es un pequeño pueblo de la costa gallega en la parte occidental de la Comarca de O Salnés, en Pontevedra.

Un pueblo de tradición pesquera, con un puerto con historia, ya que era uno de los que ofrecía a Castilla el mejor pescado y marisco de la tierra, y mucha actividad alrededor del marisco y del pescado. Me quedé con ganas de visitas la lonja, que me apasionan, pero pudimos ver a las marisqueras recogiendo en la ría.

Yo había estado hace años en Vilagarcía de Arousa con el colegio de fin de curso, pero no lo había disfrutado tanto.

Pues resulta que toda la costa del Concello tiene unas playas muy lindas y tranquilas. Muy cerca se encuentra la Isla de Arousa, que pasamos a visitar al día siguiente, y nos dejó alucinando.

El Hotel Leal, donde nos alojamos, se encuentra a pocos metros de la pequeña playa de As Sinas, que está justo al cruzar la calle. Es un hotel pequeño, muy familiar y con mucha historia.

No te dejes llevar por la única estrella que tiene, porque vale mucho más que eso. Sólo el trato del personal y los servicios merecen muchas más estrellas que esas, y no es por mi amistad con Lucía, sino porque lo he comprobado. Esa atención tan cercana vale un potosí aunque las instalaciones no sean de lujo.

Realmente todo el hotel está muy bien, aunque como dice mi comadre, “aun nos quedan muchas cosas que arreglar, ya que son muchos años y vamos despacio restaurando habitaciones”. Pues poco a poco, mujer.

Para mí la estancia allí ha estado todo de 10.

Visita por el hotel

Cuando entras en su hall de recepción te encuentras con una decoración con predominio del gris perla que me encanta. Especialmente para pararse a echar un ojo un rato, el detalle de todas las fotos que tienen cerca del ascensor.

Me llamó tanto la atención que no pude contenerme a preguntar a Lucía que me contara. Allí había foto de ella cuando era pequeña, de sus padres, sus tíos, de la gente que había pasado por el hotel, que le habían mandado las fotos y eran parte de la familia a lo largo del todo ese tiempo yendo allí a veranear.

Es una recepción muy luminosa y agradable, con acceso para minusválidos, sillones y una chimenea. Así que para carritos dobles está genial, aunque yo ya no lleve.

Lucía me contaba que su abuelo empezó allí con un restaurante a pie de playa, en lo que ahora es el chiringuito que se puede seguir disfrutando.

En este lugar empezó ofreciendo menús a los turistas, habitantes y trabajadores de la zona, y como cualquier otro restaurante que se precie, haciendo Bodas, Bautizos y Comuniones (BBC).

No tardaron en darse cuenta, tanto su abuelo como su tío, que podían ofrecer otros servicios extras y se animaron con los audiovisuales. Así se puede ver en una de las fotos, cómo con cámara en mano grababan los eventos y así ofrecían todo un paquete con el que las familias quedarían, seguramente, encantadas.

También se les ocurrió que podían ofrecer alojamiento a la gente que venía de otras zonas y se quedaba maravilladas con aquella playa. Y entonces se decidió a ampliar su propia casa para poder incluir en ella el hotel.

Con el tiempo, el restaurante en la playa fue derribado y pasó a quedar todo incluido en el edificio donde estaba el Hotel.

No todo es hotel, en una parte del mismo vive toda la familia de Lucía, toda una generación.

Aquí llevan pasando sus vacaciones familias desde hace años. ¿Algo debe tener para que todos vuelvan no? Quizás han percibido lo mismo que yo al estar allí y por eso regresan.

Cuando llegamos nosotros, al mismo tiempo también lo hacían otras familias y me recordó cuando llegas a la casa de tu familia en el pueblo, que te emocionas saludando al personal por volver a verlos y estar allí de nuevo.

Muchos niños, alguna pareja de mellizos y gemelos, ¡incluso mascotas! Personas que buscan un entorno tranquilo donde descansar y seguridad para sus hijos.

Yo no puedo más que recomendarte que te vengas a probar un verano con tus diablillxs, porque yo ya tengo el presupuesto para hacerlo al año que viene y así me lo han dicho todos en la familia.

Hay que volver, hay demasiadas cosas que tenemos que ver, aquí hay mucha historia, mucho para tirar del hilo y que aprendan los chicos de una manera divertida.

Las habitaciones del hotel estupendas. Son relativamente grandes. Tienes habitaciones sencillas, dobles y hasta cuádruples, como la que compartieron mis chicos.

Los baños estupendos también. Un baldosín muy tradicional y todo muy limpio. Unas vistas preciosas al viñedo de una hacienda vecina que quita el hipo. ¿A que mola?

Tiene pequeñas estancias que pasar ratos agradables. En la primera planta por ejemplo me sorprendió un lugar de lectura con unos sillones de mimbre preciosos. Muy luminoso. Me quedé sin ver el lugar secreto que me había sugerido Lucía, también para pasar un lugar de relax.

En el tema gastronómico, estupendo.

Podíamos haber aprovechado y salir para comer fuera, pero la verdad nos dio pereza para dos días que estábamos salir tanto y ademas, ir con un celíaco nos limita mucho. Y no es porque no lo intentáramos. Realmente no encontré con tanta facilidad un lugar donde te ofrezcan seguridad, así que no me apetecía que por ahorrarte tres duros mi hijo se pasara dos días e el baño malo.

No es que no estén preparados en la zona para recibir celíacos o alérgicos. Ahora todos los locales de hostelería avisan de los alérgenos en sus cartas, pero para mí eso no vasta. Yo necesito que me aseguren que no hay posibilidad de contaminación alguna.

Así que todo el gasto de comidas y cenas que hicimos lo dejamos en el hotel, que no nos defraudó en ningún momento y que estaba súper preparado para estas situaciones. Fue la mejor decisión y salimos ganando sin duda en tranquilidad y en calidad. Que no digo que los demás no sean estupendos, pero tendré que regresar para comprobarlo, me temo.

Estábamos de camino cuando Lucía me mandó un mensaje para informarme del menú. Como ya le había dicho lo del celíaco le tenía preparada su opción en el menú. Había lasaña con y sin gluten. A Fran le encanta la lasaña. Fantástico.

Ellos entienden de todo lo que es alimentación especial para gente con problemas como alergias o intolerancias. Cada año reciben colonias de colegios en donde vienen muchos niños con estos problemas, y están acostumbrados a manejar con seguridad todo para que no haya contaminación alguna.

La historia de los campamentos es preciosa, porque cada año decoran todo el hotel con un tema para los chavales. El año pasado era un barco y las habitaciones eran camarotes. Tengo pendiente que Lucía me cuente un poco más sobre estas incursiones que hace y me mande fotos. Me fascinó.

Personalmente, la seguridad que me ofrecieron en lo gastronómico no la cambio por ningún restaurante de la zona y sabiendo lo que ocurre para otros años ya pienso qué hago si salimos a comer fuera. De momento he presupuestado para hacer una semana con pensión completa.

La comida, como digo, estupenda. Que me voy por las ramas.

Tienen un menú para todo el día con platos variados para que puedas elegir. Todos maravillosos. Según me cuenta Lucía mucha gente hace media pensión y en la cena o sale fuera a comer o tira de platos sueltos de la carta.

Nosotros hicimos eso. Comimos de menú y cenamos de carta. Si son como nosotros, de no comer mucho por la noche, se entiende.

El primer día me comí unos mejillones al vapor que quitaban el hipo. Hasta Jesús se animó y eso que naturales no se los come. El prefiere el mejillón en escabeche, enlatado. Dos de los chicos y el padre se decantaron por ensalada mixta y Francisco se comió su estupenda Lasaña.

De segundo plato ellos optaron por un plato de carne increíble, y yo por pescado. A ver, si vengo a Galicia tengo que comer de la tierra. Así que me comí una dorada estupenda y restos de lo que los chicos se iban dejando, ensalada y especialmente los pimientos de Padrón del acompañamiento de la carne.

El menú es muy completo y los platos son especialmente grandes. Por eso que para la cena igual prefieres pasar del menú para hacer platos sueltos. Por supuesto incluye pan, bebida, el postre (con unas tartas estupendas, especialmente tienes que probar la de tres chocolates), el café y el chupito.

El segundo día el menú nos sorprendió con un primer plato de navajas. Yo claro, me las pedí. Me encanta el marisco, y como digo, vine a Galicia para probar de la tierra.

Navajas maravillosas de Galicia en Hotel Leal
No podían faltar unas navajas de las Rías de Galicia

Esa fue mi elección con unos pescaditos de segundo plato. Jesús y el padre se tiraron a por una sopa marinera que les supo a gloria.

Pescaditos de Galicia en Hotel Leal
Gastronomía durante las vacaciones en Galicia 2018

Roberto dijo que directamente el se comía un buen bistec con patatas que no le había hecho gracia la ensalada y no quería sopa. Jorge le imitó con lo mismo. Francisco en su línea, prefirió seguir con la pasta y pidió unas seguros espaguetis sin gluten y pollo al ajillo, que también comieron de segundo Jesús y el padre.

Gastronomía durante las vacaciones en Galicia 2018
Sopa marinera de la cocinera del Hotel Leal

 

No he comentado nada del desayuno. Es tipo buffet libre, muy completo, para que puedas hacer el desayuno que te de la gana. A Jesús le tuve que parar los pies, porque por poco se acaba con el zumo de la mañana.

El entorno

La playa de As Sinás maravillosa. Bajamos por la tarde. Fue estupendo porque pensábamos que igual el día no acampañaría, pero se quedó una tarde de lujo.

Aunque sabíamos que el agua estaría un poco fría, comparando con el agua de las piscinas naturales de la serranía de Cuenca, pues no tiene nada que ver. Cuesta meterse un poco, vaya, pero cuando te metes no quieres salir.

Las vacaciones en Galicia tuvieron su remojo en la playa de As Sinás
Playa de As Sinás en Galicia

La playa no es de arena fina, así que no vengas pensando que es la playa de Benidorm, porque no es así. Es más gordita, pero no quema tanto. Jejeje. Además, se puede tomar el sol y parece que no pica igual. Por lo menos yo, que soy poco de sol, estuve toda la tarde sin sombrilla ni nada feliz como una perdiz. El ambiente es agradable, para nada el la pegajosidad de la costa del Mediterráneo.

No es un mar abierto, porque esta zona de costa es pertenece a las Rías Baxas. De hecho es la Ría más grande, según me dijo el marido de Lucía. Un suave oleaje, muy agradable.

No nos hizo mal tiempo, aunque parecía en los días previos que estaría lloviendo, lo hizo de madrugada y sólo en la mañana del sábado se despertó el día con niebla y fresquito. Aprovechamos la circunstancia para darnos un paseo por la Isla de Arousa, comprar algo para el regreso en un Eroski, y tratar de encontrar un lugar para comer en la zona del paseo marítimo.

Vaya, me traje de allí unas conservas de sardinas que quitan el hipo. No las he encontrado en Madrid y me parece que voy a tener que pedirle a Lucía que me mande. Geniales, enlatadas en la propia Vilanova de Arousa.

Lucía me orientó un poco en cosas para poder ver, pero no nos dio tiempo a todo. Paseamos por el Parque Nacional O Carreirón, en la Isla de Arousa, intentamos llegar al Puerto de Xufre donde estaban de fiesta y nos quedamos con las ganas de degustar el pulpo de la zona. Como los chicos estaban un poco nerviosos nos volvimos a comer al Hotel, tras estar haciendo intentos por encontrar un lugar donde comer con Fran.

Realmente nos lo hemos pasado divino. Han sido dos días intensos en los que por lo menos hemos desconectado de todo. Dice mi marido que parece que ha sido más tiempo incluso.

Me he quedado por ver muchas cosas y de hablar más con Lucía. En la noche me había propuesto salir para enseñarme un lugar para cenar, incluso su madre se había prestado a quedarse con sus niños para escaparse.

Mi marido iba bastante fastidiado del viaje y quería irse pronto a la cama y no me parecía dejarles allí en el hotel para irme yo sola con Lucía y su marido. Ni se lo propuse, porque si llego a decirle algo me dice que me vaya, pero claro, a ver quien aguanta los caretos al día después.

Estas cosas me pasan mucho, que me entra mucha culpabilidad por hacer cosas a solas cuando ellos no quieren hacer algo conmigo, algo que tendré que superar.

De hecho, este verano he empezado a hacerlo, porque salgo a la piscina del barrio sola porque ninguno quiere venir conmigo, y yo no voy a perder mi verano porque ellos sean ahora de secano.

Creo que se nota que me arrepiento de no haberlo hecho, porque me apetecía mucho hablar con Lucía y era el único momento para hacerlo. Pero no hay mal que por bien no venga, la pareja decidió aprovechar la oferta de la abuela y salieron un poco en plan romántico. Así que estupendo.

Y esto llega a su fin.

Este ha sido la historia de mi escapada veraniega a Galicia con la que espero haberte abierto las ganas de conocer esta tierra, especialmente Vilanova de Arousa, e invitarte a pasar unos días a este hotel tan familiar y entrañable.

 Desde el Jardín del Hotel Leal en nuestras vacaciones en Galicia 2018
Una oda a sol que cae.

Si te animas y coincidimos, al año que viene igual nos vemos allí. Yo desde luego estoy deseando volver a ver a Lucía y a su bonita familia, a disfrutar de su tierra y de los servicios que presta allí su encantadora familia.

¿Te vienes?

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