Una historia de lactancia y trabajo remunerado con gemelos

Con la Semana Mundial de la Lactancia Materna ya finalizada, sigo recogiendo las historias de madres de gemelos que compatibilizaron heroicamente lactancia y trabajo remunerado y que han derivado de mi último post.

Hace ya tiempo desde nuestro primer encuentro telefónico. No he tenido aún la oportunidad de conocer a Ángeles  personalmente, a pesar de que  hemos hablado varias veces en estos últimos años, y más o menos conozco su historia. Me parece una gran mujer y madre.

Hace dos días le pedí un favor, porque como os habréis dado cuenta, sí,  es madre de gemelos y yo también pido ayuda a veces a otras madres con dos.

Ángeles tiene unos mellizos que nacieron con 34 semanas de gestación, prematuros. Nacieron con muy poquito peso, y eran muy pequeños aún cuando llegaron a casa, apenas 1.700 gramos.

Sabía que ella tenía una  historia de superación importante, porque aparte de enfrentarse a una lactancia materna tan intensa con bebés tan pequeños, con otra hija pequeña a la que cuidar, se había tenido que incorporar al trabajo demasiado pronto, como muchas otras madres de gemelos.

Precisamente en una de esas asesorías telefónicas  hablamos de lactancia materna y trabajo remunerado,  hace ya mucho tiempo. ¿Quién mejor que ella para contarme cómo lo vivió? 

Pensé que podía ser un buen ejemplo para otras mamás que estuvieran  en la misma situación.

Ayer Ángeles me llamaba para comentarme que quizás no era la historia que yo esperaba, porque lo que me había escrito le parecía muy “anti-lactancia”.

A mí no me lo pareció en absoluto. 😀 

Simplemente su historia es la realidad de muchas madres que intentan alcanzar la meta de una lactancia exitosa con gemelos y tienen además que hacerlo mientras siguen trabajando fuera.

¿Quién soy yo para decir que su historia no cabe para el apoyo a otras madres de gemelos y no me sirve porque igual no ofrece una visión de la lactancia positiva?

Cada una tenemos una historia importante que contar, nuestra realidad, que puede ser la tuya.

Más o menos positiva, todas las experiencias son útiles y nos ayudan a organizar nuestra lactancia y ajustarla a cómo deseamos que sea, sobre todo satisfactoria y agradable.

Hoy Ángeles nos cuenta la suya, con sus gemelos, su hija, su familia y su trabajo, esforzándose en continuar con su lactancia hasta los tres años, a pesar de algunos sinsabores.

lactancia y trabajo remunerado

La lactancia y trabajo remunerado de Ángela

No tengo muchos recuerdos concretos de la primera época de lactancia, por desgracia. Creo que es culpa de la falta de sueño, ya que solo contaba con la ayuda de mi marido.

Ahora que ha pasado el tiempo me doy cuenta de que cometí errores. Llegué a estar agotada. Un día cambié de asesora de lactancia a una de múltiples, pero sobretodo a una madre de gemelos, me hizo ver que lo importante no era solo la alimentación, sino el conjunto de bienestar familiar. Eso me ayudó a no abandonar y superamos muchos baches médicos gracias a la lactancia.

Llegamos a los 6 meses y yo me incorporé al trabajo, por una parte tenía muchas ganas de regresar a una vida más independiente para mí, salir de esa atmósfera tan absorbente que a veces es la vida con gemelos; también tenía, como todas, ganas de quedarme en casa y ser solo mamá durante mil años.

La lactancia había mejorado mucho al comenzar la alimentación, como me auguró mi asesora todo era más fácil al no ser yo la única fuente de alimento. Pero la lactancia no es todo, yo tenía que cuidar de 2 gemelos y una hija, una casa, y salir a trabajar. Los recuerdos no son nada buenos. Mis hijos no dormían con o sin lactancia, y terminamos agotados e incluso con problemas de salud.

Por causas médicas, no pudieron probar otros lácteos hasta los 8 meses, el esfuerzo por trabajar y tener lactancia materna fue titánico. No acudieron a guardería hasta los dos años, siguiendo consejo médico.

Con su aumento de autonomía, convirtieron la lactancia en motivo de competición para estar con su mamá. Era algo para lo que no estaba preparada, porque convertía lo que debía ser un momento de relajación juntos en peleas y enfados. No hacíamos casi ninguna toma, desde luego no las mínimas para poder prescindir de otros lácteos con 1 año de edad.

lactancia y trabajo remunerado
El sacaleches, ¿amigo o enemigo?

Aunque continué con la lactancia hasta los 3 años, no se parecía en nada al proceso con mi hija mayor, mucho más natural y satisfactorio. Siempre se generaban conflictos, no era tan fácil dar lactancia fuera de casa, por lo que reduje muchas tomas cuando pudimos comenzar a salir de casa con tranquilidad; tampoco, por ejemplo, daba una toma antes de irme a trabajar, ya que nunca nos fue bien el tándem y dar individualmente a dos lleva el doble de tiempo ?.

Me apena no tener tantos hermosos recuerdos de la lactancia con ellos como los que tengo con mi primera hija, pero sé que hicimos todo lo que pudimos. Y hablo en plural porque el padre fue fundamental siempre.

Una última cosa: el sacaleches, en contra de lo que muchas mamás y sanitarios creen, no funciona en todas las mamás y solo sirve para frustrarnos más, sobre todo cuando los niños tienen una edad en que ya pueden tomar otros lácteos.

Conclusiones a la historia de Ángeles

Quiero insistir que lactancia materna con gemelos no es color de rosa, puede ser maravillosa o una gran pesadilla, y a pesar de todo algunas mujeres quieren continuar haciéndolo por el bien de sus hijos/as.

Sí, amigas, amamantar a gemelos a veces puede ser  un campo de batalla y hay muchas cosas que se sufre en silencio por miedo al qué dirán porque parece un gran sacrificio y suena mal.

En mis grupos como asesora de lactancia, con mamás de gemelos y sólo con uno, comento que no es necesario llegar al punto en el que amamantar no resulte hermoso, porque si la lactancia no se disfruta es tiempo de pensar qué podemos cambiar para que lo sea.

Hacer algo por sacrificio no suele ser agradable para nuestra salud emocional, y nos desequilibra,  tenemos el derecho de expresar ese malestar cuando se ha amamantado con ese peso encima sin tener posibilidad de expresarlo por miedo a ser juzgada.

Somos capaces de tener la suficiente empatía y respeto hacia otras mujeres para comprender porqué  deciden que no merece la pena vivir la lactancia materna como un sacrificio, porque queremos que lo que quede sean recuerdos hermosos de la misma.

La lactancia tiene  luces y tiene sombras y hay que reconocerlas.

Seguiré apoyando con todo mi cariño y mis conocimientos a cuantas madres me pidan su ayuda para el inicio de su lactancia con gemelos y para mantenerla todo el tiempo que  ellos deseen, pero me niego a idealizar la lactancia materna con gemelos y perpetuar en muchas la sensación de sacrificio y seguiré siendo realista validando esas emociones ocultas y sombrías.

Algunas darán un cambio, y encontrarán una lactancia más satisfactoria, y otras decidirán no continuar, pero informadas.

Si quieres contarnos tu historia, como lo hizo Ángela, puedes comentar a continuación, y así aprenderemos todas juntas.

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