¿Por qué la lactancia materna NO es lo mejor?

En muchas ocasiones te enfrentas a comentarios de madres dolidas por las afirmaciones de profesionales sanitarios, organizaciones, asociaciones, e incluso otras madres, acerca de lo mejor que es la lactancia materna frente a la leche de fórmula.

Te dicen que se han llegado a sentir malas madres, y con este sentimiento acaban por no consentir escuchar los argumentos a favor y las ventajas de dar el pecho, confirmadas por toda la evidencia científica disponible.

Los medios de comunicación han querido llamar a este desacuerdo entre madres como la Guerra de la Leche o la Guerra de las Madres.

Y lo cierto es que no existe ninguna guerra.

Solo madres poco acompañadas y formas incorrectas de comunicar aspectos importantes de la salud que convierten a la lactancia materna en un elemento de confrontación entre mujeres.

¿Qué hay de cierto en la afirmación tan frecuentemente escuchada “la lactancia materna es lo mejor”?

Hoy trato de responder a estas preguntas de una forma sencilla.

Primero, quiero que entiendas que “mejor” o “peor” son adjetivos calificativos que implican necesariamente valorar entre dos alternativas, dos cosas diferentes.

Por ejemplo, en lo que nos ocupa «Es mejor la lactancia materna que la lactancia artificial».

¿Qué es lactancia materna?

La lactancia materna es la forma de alimentar al bebe mamífero.

A través de la leche materna de su misma especie, que está preparada para proporcionarle todo lo que necesita para crecer y desarrollarse de la forma más óptima.

La lactancia materna es el mecanismo más efectivo que encontraron los mamíferos para sobrevivir.

Entonces observamos algo claro, muy claro. 😉

La lactancia materna no es que sea o no lo mejor para el mamífero.

ES LO NORMAL. 

Es lo que la naturaleza ha diseñado para que sobreviva.

En los humanos, que somos mamíferos de orden superior, la lactancia materna tiene carácter bio psico social o bio cultural.

¿Qué significa que la lactancia sea bio psico social?

Que biológicamente las mujeres poseemos las características adecuadas para amamantar a nuestros bebés y que facilitarían su alimentación.

Y también que hay determinantes psicológicos y sociales que la afectan directamente a la lactancia.

Nuestra personalidad, creencias, experiencias, la cultura en la que nos educamos, el nivel de educación que tenemos, hacen que la lactancia materna pueda tomar una dirección positiva o negativa.

Esto significa que las mujeres no nacemos con un instinto como el que tiene el bebé, que está programado para poder actuar de una manera concreta para lograr su supervivencia.

El bebé es, de hecho, el que la guía a iniciar los comportamientos adecuados si está en contacto con ella y no ambos no son separados.

La madre tiene que aprender a amamantar, adquirir esas habilidades.

Lo aprende del entorno, de la cultura.

La lactancia materna es lo normal

Durante el tiempo que no hubo alternativas “seguras” a amamantar, la lactancia materna no es que no fuera lo mejor.

Era lo normal y necesario para la supervivencia de los bebés.

En el momento en el que la lactancia materna empezó a tener un sustituto “seguro” para las madres que no podían amamantar, la lactancia materna dejó de ser normal, para convertirse en alternativa.

La lactancia materna dejó de ser necesaria, y la lactancia artificial empezó a ser parecida, equiparable, una opción para la mujer, que iniciaba su integración en el mundo laboral.

Hasta entonces las madres no se evaluaban ni medían por la lactancia.

Porque lo normal era que al bebé se le alimentara al pecho.

Si no era la madre biológica la que daba el pecho, lo hacía otra madre.

Esta mujer era una nodriza.

Las madres que no amamantaban no se consideraban mejores que las que los amamantaban, ni en el sentido contrario.

Con la expansión de “la cultura del biberón” y la distribución masiva de leche de fórmula, la madre empezó a perder la información importante para amamantar.

Incluso las madres que antes podían recurrir a otras madres para alimentar a sus hijos, empezaron a utilizar la leche de fórmula.

Unido a otras prácticas de crianza en las que se “evitaba” el excesivo contacto con el bebé para prepararle para la nueva sociedad y sus necesidades, los problemas para las madres que empezaban amamantando comenzaron a llegar.

Para muchas madres la lactancia materna empezó a ser poco confortable, incómoda, dolorosa, lo que les despertaba mucha ansiedad, frustración, problemas emocionales, sociales y personales.

En estos momentos la lactancia materna para muchas de ellas no era lo mejor, sino todo lo contrario.

Un problema que fácilmente podían solucionar con la alternativa.

Sin un entorno psico social o cultural adecuado para poder disfrutar de la normalidad de la lactancia materna no se puede afirmar que la lactancia materna es siempre lo mejor.

Lo que está claro es que por norma biológica de la especie podamos alimentarnos con la leche que tenemos preparada, por lo que lo mejor para el bebé casi siempre va a ser la propia leche de la madre.

Esto también puede doler en algunas madres, que querían amamantar, y no han podido por circunstancias especiales fuera de su alcance.

  • Hay casos en los que los que sabemos que los bebés no pueden tomar leche materna, así que tener una alternativa nos permite la supervivencia de este bebé, que de otra manera, podría morir.
  • Y hay situaciones de las madres en las que la lactancia materna tampoco es una opción para alimentar a su bebé por una patología o tratamiento que tenga que recibir.

No podemos recurrir con tanta facilidad a las nodrizas, y lo único que disponemos es de leche materna del banco, que otras madres han donado para situaciones de madres con este tipo de problemas.

La dificultad para el acceso a esta leche para todos los bebés, es otro gran escollo a salvar.

Lo ideal sería que todo bebé sin contraindicación para ser alimentado con leche materna pudiera ser alimentado con leche materna de su madre o de otra mujer.

Por último, no quiero dejar de recordar, que cuando hablamos de lactancia materna, hablamos de otras dimensiones extras aparte de solo nutrir con leche.

También comprende el contacto físico con el bebé, la conexión emocional, la protección y comunicación con el mismo.

Todas estas funciones se pueden llevar a cabo con la lactancia materna, y también, la lactancia artificial puede tratar de compensar los déficit de no amamantar con una manera diferente de proporcionar al bebé el biberón.

Así que podemos afirmar que la inmensa mayoría de las las madres tomarán «su mejor» opción en cada momento en función del contexto que puedan tener.

Una forma de poder disfrutar de lo que para nosotras es mejor es poder estar bien informada de todo lo que rodea a la lactancia y su práctica, especialmente si deseas amamantar.

Con la información y recursos de apoyo adecuados las madres pueden tomar decisiones responsables sin miedo a sentimientos encontrados y sin necesidad de juzgar a otras mujeres ni decisiones. 

Si quieres acceder a una formación de lactancia que cumpla con estos criterios, puedes acceder a ella través del enlace a continuación.

 

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