¿Cómo hice el destete de mis gemelos?

Hace unos días una de mis compañera de fatigas en esto del apoyo a la lactancia materna, excelente bloguera, y buena amiga, Pilar Martínez, de Maternidad Continuum, me daba la oportunidad de contar cómo  había sido el destete de mis gemelos, y completar así su maravilloso libro “Destetar sin Lágrimas”, del que está preparando nueva edición. Tras su entrevista, que podréis ver si compráis su libro, es cuando rescaté el post de destete con gemelos que publiqué en esta semana y que tenía aún en mi carpeta de borradores.

destete de mis gemelos

¿Hasta cuándo vas a darles de mamar?

De la misma manera que sabía que iba a amamantar a mis hijos, también sabía que llegaría un momento en el que tendríamos que decirle adiós al pecho. Con mi primera pareja de gemelos no estaba tan informada como esperaba, ni sabía hasta qué tiempo era normal que los bebés mamaran. Pero como tenía con ellos una lactancia materna diferida y dependía de un sacaleches, tarde o temprano tenía que ocurrirme lo que pasó. A los cinco meses de lactancia sufrí una mastitis.

En cambio con los segundos gemelos, y por supuesto ya con la teoría bien asentada, no me puse tiempo, en parte por la espinita que tenía clavada por el fiasco del destete inicial. El tiempo se fue pasando y como por arte de magia nos encontramos pasando de los dos años de lactancia que como mínimo recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). Decidí que fueran ellos los que marcaron el paso.

Cómo fue el destete de mis gemelos mayores

La primera vez siempre pagas por novata. Nuestra primera lactancia con gemelos podía haber sido maravillosa si no fuera porque en el hospital nadie nos enseñó absolutamente nada de lactancia,  ningún profesional nos contó que mi leche era la mejor que les podía ofrecer por su condición de bebés pequeños.

Sobre todo por FJ, que nació con bajo peso para su edad gestacional y hubiera necesitado mucho más mi leche, y RC que nació con sospecha de infección, que habría mejorado más rápido. Sí tenía claro que quería amamantarlos, que iba a hacerlo porque era lo natural, pero no tenía ni idea del tiempo que iba a estar dándoles el pecho, y no pensaba que la lactancia materna fuera tan larga, aunque en mi familia mi padre había sido de lactancia prolongada y me contaba cómo se sentaba en un banquillo cerca de mi abuela para tomar teta.

Después de optar por una lactancia diferida sabes que te tienes que sacar la leche cada tres horas y necesitas un buen sacaleches.  Ni sé dónde demonios estaba la información de Medela, ni sé por qué me compré aquel horroroso cachibache de Chicco con pera. Me dejaba las manos cada vez que me tenía que extraer, y me acordé mucho de las primeras semanas de lactancia cuando usaba un extractor de leche alquilado que nunca me dio problemas.

El destete de mis gemelos primeros fue por culpa de un sacaleches inadecuado que ni siquiera estaba indicado para el tipo de lactancia materna que había escogido. Este tipo de extractores no facilitan un buen drenaje del pecho y puede acarrear obstrucciones. Yo tuve el pecho enrojecido y grandes  bultos que impedían salir con presión a la leche. Es algo muy doloroso que no quiero recordar, y la leche salía como pura mantequilla.

Como muchas mujeres, ante ese cuadro me asusté y pensé que era el momento del destete de mis gemelos. Total, ya no les daba apenas  el pecho directamente y estaba cansada de sacarme leche y dejarme la mano cada tres horas en la pera del aparatito. Además pensé que como tenía leche guardada, si la administraba en combinación con leche de fórmula, tendría para más tiempo y así reduciría poco a poco la estimulación para hacer un destete lo más gradual posible. Durante unas semanas me seguí sacando en algunas tomas y en otras no, iba tirando de las bolsas congeladas hasta que se me agotaron.

Al principio la reacción al destete de mis gemelos no me pareció mala. Cuando tienes un biberón en la mano sabes la leche que se toman tus hijos y te da mucha confianza. Entiendo que las madres tengan esta obsesión cuando tienen niños tan pequeños, porque yo la tuve.  Es curioso que nadie me dijo qué cantidad de leche les tenía que dar, y yo me fiaba como muchas madres, de lo que pone en las lata de leche y en lo que me decían otras madres que sus hijos tomaban. No sé dónde tenía yo la cabeza para no ver el tamaño de mis hijos y darme cuenta que me estaba pasando un pueblo y medio. Cuando llegaron los biberones de leche con fórmula,  empezaron los sufrimientos.

Primero, porque darles el biberón de leche artificial era un poema, nunca se habían puesto tan inquietos ni lloraban tanto. El rechazo era de plano al poco de empezar a entrar la leche. Lloraban  y se negaban a seguir succionando.

Segundo, la dermatitis que ya tenían se agravó hasta el punto de que parecía que estaban quemados. Para aderezar todo,  después de acabar el biberón, que tardaban en dar casi una hora,  vomitaban en casi todas las tomas. El destete de mis gemelos fue un calvario para ellos, y para mí, que me sentí muy culpable.

Puedo considerar que el destete de mis gemelos mayores no fue desde luego acertado, y que aunque yo no tuviera ni idea de pediatría, pensé que igual su doctora sí me diría algo al respecto, porque yo me desesperaba y perdía el control. Sólo me prescribió un jarabe para que no vomitaran, pero aquello no funcionaba, así que seguimos dando leche artificial.

Fueron meses de angustia.  Yo me peleaba con mi madre porque no comían,  y nos tirábamos mucho tiempo en el médico, con derivaciones al hospital incluidas. Al final acabaron  detectando una  intolerancia a las proteínas de leche de vaca. Yo me quería morir. Con el destete de mis gemelos se despertó en mí una luz, había que solucionarlo.

Sí, pensé en la relactación y por primera vez en mi vida escribí a un grupo de apoyo a la lactancia materna, a la Liga de la Leche, y me contestaron con un extenso correo con todo el proceso. Pero era muy tarde para ellos, pero no para los siguientes gemelos ni para el de otras madres.

  • Mis hijos eran ya muy mayores, era difícil que se engancharan.
  • Mis hijos llevaban mucho tiempo sin mamar, y además había sido una lactancia muy diferida. Tampoco se iban a enganchar.

Yo pensé que eso no era impedimento. Se trataba de que mis hijos tuvieran un tratamiento a su problema, y obviamente se llamaba leche materna. Desempolvé el sacaleches y me puse a la faena. Y hubiera tenido éxito si mi madre no se hubiera echado encima de mí para asustarme con sus excentricidades, y mi marido me hubiera tomado en serio y me hubiera dicho apoyado. Nunca me perdonaré no haber sido valiente.  El destete de mis gemelos mayores no se había hecho en el momento adecuado ni mis hijos me habían dado permiso.

El destete de mis gemelos pequeños

Si de algo me sirvió el destete de mis gemelos primogénitos y sus  consecuencias  fue para centrar mi atención en un tema como la lactancia materna. Fue el despertar de mi amor por las bondades de la leche de madre, un aliciente para hacerme asesora de lactancia materna. Y como es difícil ser asesora de lactancia con sólo 6 meses de lactancia materna, nada mejor que un nuevo par de gemelos para poder poner en práctica todo la teoría que fui aprendiendo. Así el destete de mis gemelos pequeños no sería tan horrible.

El  conocimiento que ahora tenía sobre lactancia y en general  la gestión del pecho  fue mucho más fácil porque tenía la mejor de las herramientas en mi mano: información. Así que dejé que la naturaleza siguiera su camino, me olvidé del sacaleches, y estuvimos enganchados a la teta cerca de cuatro años  y medio, entre los cuales hubo un amago de destete, del que salimos ilesos.

Hay ocasiones en las que los bebés nos hacen pensar que se quieren destetar, y en el caso de gemelos, algunas veces lo hacen por separado. Jesús un día empezó a rechazar el pecho y no querer mamar. No tomaba nada de pecho, pero tampoco comía nada. Estaba inquieto y lloraba mucho. ¿Era aquello el principio del final?

Después de una semana, y descubriendo el motivo del rechazo, con paciencia, contacto piel con piel y colecho se prendió del pecho una noche y desde entonces no volvió a decirle no al pecho. Fue un falso destete.

Fueron muchos los que en el camino nos criticaron por seguir con la lactancia, pero a nosotros nos daba igual. Yo ya ni respondía a las continuas insinuaciones típicas, vinieran de donde vinieran. Y mis hijos aprendieron a responder a los ataques con verdades como puños, véase “fumar si es caca, mi teta no es caca“.

Pero llega un momento en el que te planteas si es momento de plantear el final ya que apenas toman en el día. Además cada vez que me venía la menstruación me ponía muy sensible y no aguantaba que tomaran el pecho. Además eran y son, unos niños muy charlatanes. Se colgaban antes de dormir y entre medias te contaban sus batallas, te manejaban con la mano la cara de un lado a otro para que les escucharas, y en general, tomaban más bien poco teta y le daban solo al pico.

Me daban ataques de agitación del amamantamiento y no quería amamantar así.  Yo notaba que aquello era más rutina que necesidad y no estaba ya cómoda. Empecé limitando las tomas nocturnas, diciendo que la teta tenía que dormir, y sólo les daba al acostarse y al levantarse. A media tarde también tomaban algo de pecho sentados viendo la tele, pero poco a poco fueron perdiendo interés también, y sólo manteníamos la toma de acostarse. Procuraba no exponerme mucho en situaciones que sabía que venían a la teta directos. No les ofrecía el pecho si no tenían interés y si en algún momento necesitaban alguna toma más, no se la negaba.

Después de la entrada del año 2009 les pregunté si les apetecía  hacerse niños mayores, pero que para eso había que dejar el pecho. No pensé que se lo fueran a tomar tan bien. Dijeron que sí, no tomaron el pecho esa noche y al día siguiente, pensando yo que se les habría olvidado, tampoco lo solicitaron. Ellos estaban preparados para decirle adiós a la teta, tanto que no la echaban de menos.

Les pregunté una vez que si querían, y me dijeron que no. No volví a preguntar.  Fueron tan contundentes que me dio cierta pena. Me di cuenta que quizás me  había precipitado, que realmente había sido una decisión tomada demasiado rápido, y que me hubiera gustado que la hubieran echado de menos aunque fuera sólo un poquito, porque me sentía bien  rara. Pero no fue así. Tenía que respetar nuestro acuerdo y aceptar que se habían hecho niños mayores. Yo seguía estando a su lado para dormir, y a ellos eso les valía igual. Mi gran pena fue pensar que nunca más volvería a amamantar a un bebé, y eso me entristeció aún más.

Mis sentimientos

El destete de mis gemelos, de cada uno de ellos, me ha enseñado la importancia de los tiempos. Los tiempos de cada cosa. Todo necesita un proceso, un rodaje. La lactancia no es cosa de un actor nada más. La lactancia materna se hace en equipo. En nuestro caso era un equipo de tres, y tres eramos los que teníamos que llegar a un acuerdo razonable y ventajoso para todos. Obviamente la primera vez no fui justa, ni tuve en cuenta a mis hijos, fui egoísta, y no fui capaz de pedir ayuda.  Creía que lo sabía todo, y no sabía nada. A pesar de eso la vida, y mis hijos me dieron una oportunidad.

Y esta nueva experiencia y  la posibilidad de poder deshacer mis errores, no fue todo felicidad. La lactancia prolongada de Jorge y Jesús me ha hecho sentirme muy culpable. Pienso una y otra vez en lo que mis hijos mayores se perdieron por mi tozudez y que han disfrutado en cambio por la misma cabezonería sus hermanos. Quizás alguna vez me lo recriminen y no podré hacer nada más que callarme y decirles lo siento.

Así que aún a fecha de hoy siento nostalgia, frustración e impotencia, y también orgullo y satisfacción porque superé muchas pruebas en el camino: separación, ingurgitación, obstrucciones, mastitis, heridas, incluso un falso destete. Y hasta el final seguiremos con la mezcla explosiva de emociones y sentimientos. Es lo que tiene tener en la familia gemelos al cuadrado.

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